Nada puede escapar

Hoy Buenos Aires
amaneció pequeña,
estrecha, atiborrada y fría.

Sus veredas como cintas
de cemento se escurren
bajo mi pié quebrado.

Desde una ventana
esa mujer mira
hacia mi,
hacia mi cara en la calle.

Hace frío y la pena
cuenta tantas cuentas
como la alegría
y juntas yacen
detrás de paredes
que me tienen
sin cuidado.

Un niño corto de suelas
se abraza a si mismo
y juega al fútbol
con una botella
que rueda calle abajo
y termina aplastada
por un automóvil
sin patente.

En la próxima esquina
está el café
enfriándose en la mesa
de un bar (Leer más)

Desidia

Sobre el caos
una brisa tenue
se abre paso
entre la leve realidad
que retuerce las tripas
de los que se han olvidado
la cara de todos
y el hambre de todos.

Sobre el ruido
un silencio casto
rompe la rueca
y el engranaje estalla
en las cabezas adustas
de los que maldicen
la espontanea
forma de reproducirse
de los pobres.

Sobre el día que termina
un claroscuro verifica la verdad
como el ciego frente a lo intagible
que cae dormido
e ignorado
por la bronca ajena
por el dolor propio
por el orgullo
y por la desidia. (Leer más)

Zapatillas

Aquella tarde el Colo le afanó unas zapatillas a un pendejo del centro, que huyó descalzo y asustado como monito huérfano. Es que por la noche se presentaba el Cuarteto Jarama en el club social y deportivo y seguro que iría la Fátima. La Fátima era la hija de la Susana, que a su vez era la hija de la partera que atendió al Colo cuando nació en el ranchito del Barrio Obrero, donde vivían sus padres? cuando vivían. La madre se le murió el mismo día en el que él nació. Luego se le murió el padre en un (Leer más)

Porque aún no sé...



Les dejo aquí
anécdotas de navidades, año tras año
y de cumpleaños con ausencias y sin edad.

Les dejo aquí
primeros días de clases en marzos
con calor aún, como en aquel año, años atrás.

Les dejo aquí
un listado de madres con pañuelos,
que los siguen buscando, en la misma plaza.

Les dejo aquí
un listado de hijos y de nietos que hoy
conocen sus nuevos, nombres verdaderos.

Les dejo aquí
otro listado con abuelos, hermanos, tíos, primos,
sobrinos, vecinos, maestros y obreros, sin olvido.

Les dejo aquí
noticias de justicias que aún no llegan
e injusticias de siempre,
(Leer más)

Creciente

 
Su imagen
se diluye en el barro
que trepa por su cuerpo
desde sus pies descalzos.

Su grito
se esfuma en el bramar
del agua que arrastra
a sus críos aún dormidos.

Su mirada
enloquece mientras gira
y sus manos no llegan
a atrapar las pequeñas manos.

Después,
apenas un instante después,
el silencio a bocanadas duras
y un brazo que la sujeta a su pena.

Después,
apenas un instante después,
una pesadilla para siempre
y un juguete que traga la corriente.
 
  (Leer más)

Maldigo

 
Y arrojé 
la piedra contra el vidrio 
y a pedazos ahora, siento frío. 
 
Y apagué 
la luz contra mis sombras 
y a oscuras ahora, siento miedo. 
 
Y acallé 
la alegría contra mi boca 
y en silencio ahora, siento penas. 
 
Y una vez más 
maldigo las torpezas 
y este ejercicio de libertad mal entendida. 
 
Y una vez más 
maldigo por abandonarme 
a la intemperie de mis dudas y temores. 
 
  (Leer más)

El imbécil

 
Su dolor se enreda 
en la furia enrojecida y 
en el sabor acongojado 
de la aspiración áspera, 
mientras mueren los pájaros 
de las libertades sin alas 
detrás de su espalda 
siempre cansada. 
 
Sus ojos arden 
en la hoguera ciega y 
en el atardecer amargo 
de las jornadas obradas, 
mientras se hunden los barcos 
perdidos en la estela lisa 
llevado por una u otra 
torpe arrogancia. 
 
Sus manos duelen 
en los bolsillos vacíos y 
en el peso muerto del absurdo 
de la sal en la sangre, 
mientras las puertas cerradas 
oscurecen la ciudad en sus vértices 
ajena a todos y a (Leer más)

Quién es quién...

De pronto alguien golpeó la puerta como para derribarla. Me apresuré a atender con el afán de regañar a quien golpeaba con tanto violencia. Al abrir, me encontré con una hermosa desconocida que destilaba desesperación por todos sus poros.

- ¡Mi nombre es Alejandra y Pepe Galliano me dijo que me ayudarías! Por favor dejame pasar...- dijo agitada y mirando a los lados como si la persiguiese alguien.

- Entiendo. Pasá, tranquilizate y contame en qué puedo ayudarte.

- ¡Gracias! ¡Muchas gracias! Tenía miedo de que no me recibieras. Cerrá la puerta, por favor... No sé bien por dónde (Leer más)

Autocrítica

Gracias Martín Sakamoto, por darme el pie para escribir éste intento de relato, que si bién no es autobiográfico, bien podría serlo. Celebro tu amistad. Gustavo Camacho.


Un sábado a la mañana de la primavera del ochenta, me voy a la estación del ferrocarril en San Pedro, tenía en ese entonces casi catorce años. Estaba algo bajoneado y el tren era un objeto que me desahogaba. Era un símbolo de esperanza. Algo así como mi salvador rampante que venía y me daba la oportunidad de salirme de toda la mierda del pueblo, de la chatura. Allí estuve un rato en
(Leer más)

Inútilmente

Intento escrito con mi Carolinda. Ella, en un hotel de México DF. Yo, en un locutorio de Buenos Aires. Ambos, compartiendo y extrañándonos. "Gracias mi Carolinda por señalarme con tanta claridad, el camino de las dos últimas estrofas."
 
 
 
Perdí
en mi cama
la conciencia de mis sueños
como el melonero
que desbarranca su carro,
como el encantador
que se inyecta la serpiente,
como el pescador
en las redes del alcohol.

Abandoné
en mis letras
la razón de mis palabras
como el carpintero
recostado en el baldío,
como el pregonero
al morder su propia lengua,
como el cazador
suicidado de (Leer más)

Comentarios recientes

Cerrar